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 Rodri Rodri
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domingo 25 de septiembre de 2005, 22:00:00
Cresteando por el Pic Long
Tipo de Entrada: RELATO | 3636 visitas

Bonita jornada que permite hacer las tres aristas del Pic Long y pisar once cotas de más de tresmil metros de altitud. Lástima que un esguince de tobillo y una gastroenteritis hicieran del regreso al coche un calvario.

Cara NorEste del imponente Pic Long
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Cara NorEste del imponente Pic Long

Este viernes pasado el amigo Bepo y yo salimos a las nueve y media de la tarde de la vieja y entrañable Iruña camino del Parque Nacional del Neouvielle. La idea era la de vivaquear en la presa del Lac Cap D´Long, y el sábado madrugar para hacer algo por la zona.
Para la una y media ya estábamos metidos en nuestros sacos respectivos. Es curioso, hace tres semanas había varios coches, hoy estamos solos.
El cielo está completamente nublado; esta noche Dave no habría podido mostrarnos las diferentes constelaciones, tal y como lo había hecho hace 21 días en este mismo lugar.
Poco después de las seis de la mañana unas finas gotas de agua vienen a posarse sobre mi rostro, recordándome que ya es hora de levantarse. Bepo está embutido en su saco y no se entera. Diez minutos más tarde el canto de un cuco, (algunos ya saben de que hablo, jeje...), despierta a mi compañero de cordada.
Desayunamos abundantemente, preparamos las mochilas y comenzamos a caminar después de las siete.
Bajamos un trecho por la carretera antes de comenzar a subir por el Val D´Estaragne. Subimos al Estaragne y después al Campbieil. Las vistas son inmejorables: Lostou, Bachimala, Culfredas, Posets, La Munia, Monte Perdido y su glaciar, Badet y el imponente Pic Long, Neouvielle, Ramougn, Midi de Bigorre... Recuerdo a las extraordinarias personas con las que compartí estas mismas vistas en estas mismas cimas el día tres de este mismo mes: Tonito, Locomotora, Waldo, Lux y mi mujer Estefanía.
El día parece que aguantará al menos unas horas más; está nublado pero no tiene pinta de ir a llover por el momento, así que decidimos acercarnos al Pic Badet.
De bajada al collado almorzamos dos de los cuatro tomates que llevamos, un puñado de pasas y una barrita energética cada uno.
Sorprendemos a tres o cuatro sarrios, su ya espeso pelaje nos recuerda la cercanía del frío invierno pirenaico.
El principio de la cresta se hace fácil, sin necesidad de utilizar las manos. Llegados a la base del Pic Maou la cosa se complica un poco, hemos de trepar un muro de unos 10 o 12 metros (II+ III-) en el que hay que elegir bien los agarres en los que hemos de confiar. Del Maou al Badet la cresta es bonita y entretenida; para pasar a la Aiguille Badet hacemos una travesía horizontal por la derecha de la cresta, con pasos pelín delicados por inseguros.
La siguiente aguja a la Aguja Badet también tenemos que treparla, parece el camino más cómodo. Bajada esta aguja topamos con dos reuniones que en sendos rapeles, de unos 25 metros el primero y 20 el segundo, nos dejarían en el glaciar de Pays Baché. Tras meditarlo un momento decidimos bajar y dirigirnos hacia el Maubic para luego intentar subir al Pic Long por su arista norte. Por suerte hemos cargado con la cuerda de 50 metros. El segundo rapel nos deja en unos bloques de granito bastante pulidos. Da mal rollo andar por ahí, desde la cresta hemos visto caer varias piedras, algunas de ellas bastante grandes, que han ido a pasar muy cerca de donde estamos en estos momentos. Vamos destrepando con cuidando y eligiendo bien el camino que nos permitirá no pisar los restos de lo poco que queda del pequeño glaciar del Pays Baché. Una vez más hemos cargado con el piolet y los crampones para no sacarlos de la mochila, pero más vale esto que arrepentirse de no tenerlos a mano...
Nos encaminamos saltando de bloque en bloque hacia el hombro que baja del Maubic y que nos permitirá acceder a su cima.
Vamos con mucho cuidado, algunas piedras ceden y se mueven bajo nuestros pies y... "¡ahiiiiii!" el tobillo derecho se me retuerce tanto como la bota de caña alta que llevo puesta se lo permite. Quedo sin aliento un momento pero continuo, no parece grave.
-"¡Rodriiiiiii!", esta vez es Bepo el que tiene problemas, su mano izquierda se va deslizando del pulido bloque de granito al que pretende agarrarse, la placa a la que tiene aferrada su mano derecha se va arrancando por momentos, -"¡Correeeee, correeee...!" Me desprendo de la mochila y en cuatro saltos me coloco justo encima de él, sobre el bloque de granito, al lado de su mano izquierda, agarro su muñeca y al tiempo que la placa termina de desprenderse y rueda por la pronunciada pendiente Bepo se impulsa y con mi ayuda se encarama al bloque de granito.
-"¡Joer Rodri, esta vez si que me has sacado de una buena!"
En breve pisamos la cima del Pic Maubic, dejamos las mochilas, sacamos un bocadillo de membrillo para cada uno y nos lo vamos zampando de bajada al collado que nos separa de la Aiguille Tourrat. La cresta que nos llevará a esta insignificante cima, sin ser difícil es entretenida y bastante aérea en algún tramo, con un pasín de II+ III- que hay que destrepar para volver a trepar de vuelta al Maubic.
De nuevo en el Maubic, cargamos las mochilas y miramos durante unos momentos la arista que nos separa del imponente Pic Long. Sin duda va a ser lo mejor de la jornada.
El cielo sigue nublado, por el Oeste no tanto, pero el Este está negro, negro, negro; suena algún trueno bastante lejano. Dudamos, no sabemos que la cresta tenga escapatoria una vez comenzada. Miramos al Pic Long, es tan bonito, impresiona tanto?
-"Venga Rodri, ya que estamos aquí?" dice en un susurro mi amigo Bepo.
Una cresta con tramos muy aéreos y mucho ambiente, con varias agujas, algunas de las cuales escalaremos y otras evitaremos por donde mejor podamos, nos lleva a un rapel volado de unos 10 metros con una bonita ventana a la vertiente del Pays Baché.
A partir de ahí, trepamos primero por una canal y luego por el filo de la cresta para pisar la cima del Pic Long. Esta arista, que en ningún momento pasa de III, fue con diferencia lo mejor del día.
Estamos solos, no se ve a nadie. Nos sentamos por primera vez en toda la mañana. Contemplamos la inmensidad de la montaña que nos rodea por todos los lados.
El tiempo apremia, el cielo cada vez más negro. Hay que bajar. Decidimos bajar por la arista occidental. Se nos hace larga, tediosa y aburrida, no es difícil, pero hay muchos tramos de roca podrida y no podemos bajar la guardia.
Llegados al collado nos comemos un tomate y una barrita cada uno. Casi pude sentir como el jodido tomate comenzó a rebotar contra las paredes de mi estómago nada más entrar en él. Empezaba mi Gólgota particular.
Desde collado subimos primero al Dent D`Estibère Male, un quebrantahuesos pasa muy cerca sobre nuestras cabezas, él si que es el verdadero señor de estas montañas; diez minutos más tarde estamos en la cima del Bugarret, diez o doce rebecos nos observan con indiferencia desde un poco más abajo. De camino a la siguiente cima sorprendemos una pareja de perdices nivales, ya más blancas que pardas. Una travesía casi horizontal nos lleva en 15 minutos más al que sería el onceavo y último tresmil de la jornada, la Pale Crabounnouse
Paramos un momento para fotografiar la arista Aguja Tourrat - Maubic - Pic Long. Mi estómago está cada vez más fastidiado, los retortijones comienzan a ser bastante dolorosos; y el tobillo derecho, lejos de mejorar cada vez se resiente un poco más.
Dejamos esta última cima para bajar directos al siguiente collado. "Esquiamos" cuanto podemos por una tartera de piedra menuda hasta llegar a piedras más grandes y bloques de mediano tamaño. A partir de ahí tratamos de seguir los escasos, dispersos y difíciles de ver hitos que nos llevarán, sorteando lo mejor posible los hombros que bajan de la cresta, al desagüe del Lac Tourrat.
Bepo no va mal. Yo ya estoy fundido. El estómago me está matando. No me entra ni una uva pasa, ni un trago de agua? ¿será el agua del torrente del Val de Estaragne con la que llené mi cantimplora?, ¿me habré enfriado esta noche?, ¿la acidez del jodido tomate??
De bajada al valle abandonamos el camino mojonado tratando de encontrar algún atajo que nos permita no perder tanta altura, ya que luego hay que subir al Col Tourrat, a nuestra derecha. No hacemos sino perder bastante tiempo, no queda otra que bajar hasta el fondo del valle.
Una vez en el fondo del valle miramos la ladera que tenemos que subir, intentando adivinar cual puede ser el mejor camino a seguir.
-"Amigo Bepo, si no echo los higadillos en esta subida?" Bepo me sonríe, mira hacia el collado, cruza el torrente y comienza la subida. No hay palabras, pero en su rostro, en su gesto, he podido adivinar la mala cara que debo de tener.
Cruzo el río saltando de piedra en piedra, un rapidísima trucha de nos más de 15 centímetros "vuela" bajo el agua.
Agacho la cabeza y trato de seguir los pasos de mi compañero. Intento recordar las canciones que he ido tarareando durante el día. Son varias. Búfalo Soldier, de Bob Marley; Sacrifice, de Elthon John; Enya, La Polla Record, Queen, Scorpions y hasta las seguidillas que cantan los abuelos de mi pueblo cuando ya llevan más de un vaso de vino.
Siento los latidos de mi corazón en todas las partes de mi cuerpo, parece quiera escaparse por la boca.
Repaso las tablas de multiplicar, pero me pierdo. Cuento los pasos: uno, dos, tres,?., cincuenta; y paro a respirar todo lo profundo que puedo y recuperar el aliento.
Bepo mira para atrás de vez en cuando, supongo, ya que yo solo levanto la cabeza cada 25 pasos para no perder el camino que me va marcando.
No dice nada, pero se lo que está pensando: "Rodri está fundido, nos estamos retrasando, si se nos echa la noche antes de bajar del collado y pillar el sendero que bordea el Lac Cap D´Long estamos jodidos"
Y no se equivocaba. Cuando coronamos el collado el sol ya nos había abandonado, dejando tras de si un cielo lleno de nubes en el que la luna y las estrellas brillaban por su ausencia.
Echamos mano de los frontales, o mejor dicho, del frontal. Bepo dejó el suyo olvidado sobre el asiento delantero de mi coche. No podía ser de otra manera, a perro flaco todo pulgas?
Comenzamos la bajada. El lleva el frontal y me va marcando el camino lo mejor que puede. No encontramos un solo hito. Pronto las rocas dan paso a rododendros y otras plantas que hacen que tropecemos a cada poco.
Yo ya no puedo ni con las pestañas. Demasiado tiempo sin beber ni comer. No me entra absolutamente nada. El estómago me está matando. Se retuerce y trata de vomitar lo que no tiene, ya que está vacío del todo.
Cuando tenemos problemas para mantener el equilibrio echamos el culo al suelo y nos dejamos deslizar sobre la vegetación; nos cuesta un buen rato pero finalmente llegamos a la cola del embalse. Yo estoy fulminado, voy dando tumbos, se me cierran los ojos, me mareo, no puedo pensar con claridad. Y el estómago?
Tenemos que subir unos metros para buscar el sendero que bordeando el embalse nos llevará hasta la presa.
Caminando, apoyando las manos en las piedras que sobresalen de la vegetación, casi gateando cuando la pendiente es más pronunciada, parando a cada poco con arcadas?, lo bueno de las arcadas es que me dejan el estómago relajado para unos 15 minutos y durante ese rato, antes de que comience a darme punzadas otra vez, ando algo más fino.
Nos planteamos pasar la noche, supongo que Bepo lo estaba deseando, pero me veía muy jodido y quería que llegáramos al coche a toda costa. Se había levantado un vientecillo bastante frío.
Bepo se adelanta un trecho y al poco baja a mi encuentro. No es necesario que me diga nada, su alegre sonrisa me anuncia que ha encontrado el sendero. Con suerte en una hora llegaremos a la presa.
Antes de comenzar a caminar de nuevo Bepo me pide mi mochila, no hace falta que me insista, en un momento la dejo caer al suelo.
Y así, dando tumbos y traspiés, hablando poco y pensando menos, con el tobillo bien jodido y el estómago desecho, Bepo con dos mochilas y yo con ninguna, a las 12 empunto de la noche, llegamos a la presa del embalse de Cap D´Long.
Bepo se pone al volante y bajamos al Refugio de Oredon. Como era de esperar no queda nadie en pie por allí. Subimos a las habitaciones, las que no están cerradas parecen llenas; así que optamos por tirar las esterillas en el comedor. Bepo sale a comer algo, yo me meto en el saco, y mientras mal soporto los retortijones de mi maltrecho estómago, una pregunta que MadVeras, Quintín, Curro?se hacían en sus artículos ronda en mi cabeza: ¿por qué subimos montañas??

 




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